Lo dijo
Tabárez en la conferencia de prensa del viernes: estamos heridos.
Heridos por
esa condena que cayó, vertiginosa y desproporcionada, sobre Luis Suárez.
Y la situación se salió de cauce. Ya no se trata sólo de un partido de fútbol del Mundial.
Lo sentimos como una agresión a nuestro País, perpetrada por esos dinosaurios todopoderosos e impunes de la Fifa. El sistema ha sitiado a la Selección Uruguaya con el fin de borrarla de la Copa.
Pero los nuestros resisten, contra todo pronóstico, se rebelan y resisten.
Esto me evoca una imagen que me quedó grabada desde mi juventud, cuando leí la crónica de un soldado español del siglo XVI. El hombre estaba impresionado por la valentía y la ferocidad con que los aztecas enfrentaban los ataques genocidas del conquistador.
Y relataba que una vez, montado en su caballo, atravesó con su lanza el pecho de un guerrero, y éste, asombrosamente, trepó por la lanza para alcanzar a su enemigo y tirarlo al piso.
Con ese espíritu entrarán los Celestes al Maracaná, a regar la cancha con la sangre que brota de la herida que nos provocaron y, si es necesario, a trepar por la lanza para alcanzar la victoria.
Y la situación se salió de cauce. Ya no se trata sólo de un partido de fútbol del Mundial.
Lo sentimos como una agresión a nuestro País, perpetrada por esos dinosaurios todopoderosos e impunes de la Fifa. El sistema ha sitiado a la Selección Uruguaya con el fin de borrarla de la Copa.
Pero los nuestros resisten, contra todo pronóstico, se rebelan y resisten.
Esto me evoca una imagen que me quedó grabada desde mi juventud, cuando leí la crónica de un soldado español del siglo XVI. El hombre estaba impresionado por la valentía y la ferocidad con que los aztecas enfrentaban los ataques genocidas del conquistador.
Y relataba que una vez, montado en su caballo, atravesó con su lanza el pecho de un guerrero, y éste, asombrosamente, trepó por la lanza para alcanzar a su enemigo y tirarlo al piso.
Con ese espíritu entrarán los Celestes al Maracaná, a regar la cancha con la sangre que brota de la herida que nos provocaron y, si es necesario, a trepar por la lanza para alcanzar la victoria.
Tal vez
alguien sostenga que es una exageración comparar a un combatiente azteca con un
futbolista uruguayo. Pero si los mandamases de la Fifa pretendieron convertir a
Suárez en un criminal deportado,
¿por qué no podemos nosotros transformar a los nuestros en un equipo de guerreros invencibles?
¿por qué no podemos nosotros transformar a los nuestros en un equipo de guerreros invencibles?
Ojalá
ganemos esta tarde, pero si gana el otro, que sude sangre para lograrlo!!
¡¡URUGUAY CARAJO!!
¡¡URUGUAY CARAJO!!
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