lunes, 22 de junio de 2015

PARTIDOS DE CUARTOS DE FINAL


¿Quién no ha escuchado la frase "ahora comienza el verdadero Campeonato"? Convengamos que mucho de cierto tiene esa afirmación, se empiezan a disputar partidos que dejan menos cabida a la especulación. Aunque los uruguayos seguramente aportaremos alguna dosis de la misma, el planteo de Tabárez para enfrentar a Chile da lugar, al menos, a suponerlo.
Todos hemos sido, por estos días, protagonistas o testigos de polémicas respecto a cómo maneja el plantel el Maestro, se defienden presencias y se subrayan ausencias de jugadores, se apoya o denosta al DT, etc., etc. 
PERO ESO YA ES PARTE DEL PASADO. Los invitamos a ver los partidos de fase de grupos como si fueran un trámite de inscripción: cada equipo "llena el formulario" según su estilo. Brasileros y argentinos lo hacen siempre con rapidez y muy buena letra, esta vez también se floreó Chile. Y luego estamos los que logramos "inscribirnos" con mucha dificultad, dudamos mucho en "completar la fórmula" y lo hacemos con tachones y faltas.
Pero, y a veces a disgusto de los exquisitos del fútbol, NUESTRO INGRESO FUE ACEPTADO, tal como nos pasó en la Copa de Argentina 2011. No olvidemos que aquella vez empatamos los 2 primeros partidos y se generaron las mismas dudas y críticas que hoy están presentes.
Nosotros damos crédito a nuestra Selección, más allá de los nombres que están o que faltan. Hoy, como antes, sigue siendo Uruguay.
Y si esto no los convence, los invito a leer algo de lo que escribió, hace casi 50 años, el escritor argentino Héctor Libertella bajo el título "La cifra redonda".

"Cuando Uruguay participó en el Mundial de 1970, en México, era la época de furor por el atletismo y los planes de pizarrón. Las máquinas europeas seña­laban con el dedo el camino del mundo y Sudamérica se había metido en el callejón de la melancolía, del que ya no se sale porque no se quiere salir, ¿quién querría salir de esa súbita, inmóvil sabiduría que da la senilidad precoz? Pues bien, los uruguayos perdían uno a cero con Suecia y jugaban al paso, indiferentes, lentamente con su vejez y sus panzas prominentes. Eran once caciques que se dedicaban con sus gambetas a mantener en pie el misterio del Río de la Plata. Cuando les hicieron el gol volvieron caminando y conversando al centro de la cancha, mientras en la tribuna cien mil fanáticos latinos silbaban de rabia y tal vez de miedo por su propio des­tino. Obviamente, el equipo sueco era una banda de atletas ciegos que buscaba resultado, y parecía bien claro que la realidad del partido estaba jugándose en otro lado, tal vez en la caverna de Platón: el estilo con­tra el gol y la victoria psicológica contra el puntaje (los uruguayos demoraron con sus mañas y no hicieron un solo tiro al arco; cuarenta años de imperio en ese hábito).
Yo ya venía altamente alucinado con ellos. ¿Có­mo imaginar a un equipo que sólo concebía la prístina redondez del cero a cero? Esa política zen en busca de la más extrema transparencia, esa utopía de una cifra que no dice nada para nadie a los uruguayos ya les ha­bía dado, sin embargo, dos Copas de! Mundo y una presencia de terror y amenaza permanente para los se­midioses europeos (y consagrados de nuestro continente, agregamos nosotros). Era el año '70, cifra también redon­da. Uruguay había ganado los campeonatos del '3O y del '50, de manera que el '70 era una fija."

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