Este artículo se publicó en O Globo, está escrito por Gustavo Poli
Demuestra que no solo los uruguayos reconocemos lo que fue esa victoria.
El Maracaná muerto, el Maracaná apagado, el Maracaná que fue ... se silencia por última vez. Una procesión de sombras camina por el césped bajo las enormes gradas de hormigón y conduce esta oración carente de palabras. Todo aquí es silencio. Las 21 sombras caminan seguidas por otra y son vistas por 200.000 ausencias que lloran este último sacudón.
Demuestra que no solo los uruguayos reconocemos lo que fue esa victoria.
El Maracaná muerto, el Maracaná apagado, el Maracaná que fue ... se silencia por última vez. Una procesión de sombras camina por el césped bajo las enormes gradas de hormigón y conduce esta oración carente de palabras. Todo aquí es silencio. Las 21 sombras caminan seguidas por otra y son vistas por 200.000 ausencias que lloran este último sacudón.
Esta es la despedida, Alcides. Aquí termina el
capítulo de Brasil en blanco y negro que visitó tanto nuestras retinas ... Aquí
termina una era. Hubo un Brasil antes de Ghiggia y un Brasil después de
Ghiggia. Sí, diremos que hubo un Uruguay antes y otro después de Ghiggia también. Pero el Uruguay anterior
tenía la Celeste, ya portaba la copa de
1930, ya era campeón del mundo. Brasil no.
El Brasil antes de Ghiggia tenía la ilusión, después de Ghiggia vivió casi como perro callejero. Mi generación creció oyendo sobre Alcides Ghiggia - el bigote delgado que, una descolorida tarde, apuñaló en el pecho al gigante, antes de que fu
era gigante-. Y vemos las imágenes en el celuloide desde un país
lejano en blanco y negro donde una sombra uruguaya pateó una pelota algo
borrosa. Esa pelota que entró y se detuvo en una cerradura reticulada. Un
portero se puso de pie en amarillo y gris. Mujeres y hombres pixelados y
distorsionados lloraron. Un país cayó.El Brasil antes de Ghiggia tenía la ilusión, después de Ghiggia vivió casi como perro callejero. Mi generación creció oyendo sobre Alcides Ghiggia - el bigote delgado que, una descolorida tarde, apuñaló en el pecho al gigante, antes de que fu
El humillado país buscó la pelota en el fondo de la portería. Deportivamente herido, se puso de pie, produjo a Pelé, generó a Garrincha, la selección de 1970, el tetra, el penta, cinco mundiales, y tuvo el orgullo de elevar el fútbol a la categoría artística. Y eso también se lo debemos en parte a Ghiggia , a Obdulio, a Máspoli y a Schiafino. Brasil sería otro sin 1950. Mejor? Peor? No lo sé. Pero sin duda otro.
Si hubiésemos ganado con Ademir y con el expreso de la victoria, tal vez nuestro agradecimiento por la picardía fuese menor. Quizás nos enorgulleceríamos menos de la improvisación. Tal vez estaríamos jugando de blanco y no con la amarilla. Quizás tantas cosas.
Alcides Ghiggia murió 65 años clavados después del 16
de julio de 1950. Un año y ocho días después del 8 de julio de 2014. El Ghiggia de esta
generación (de múltiples facetas, que
cuenta con Facebook, pone fotos en Instagram, se comunica a través de zap zap) es otro. Tiene manos de Neuer, piernas de
Muller, cabeza de Schweinzteiger y goles
de ... Alemania.
Ghiggia se ha ido, con gracia, después de pasar su bastón.
Agradecemos porque necesitamos el verdugo, nos recuerda, nos corrige, nos proporciona la dosis necesaria de humildad. Hubo un día en el que nos sentimos más grandes, mejores, soberanos en el mundo de las esferas. Estábamos seguros de que íbamos a ganarle a cualquier seleccionado de los seres vivos que practicaban fútbol. Así fuera la selección del mundo, de la Vía Láctea o Alpha Centauro, caerían ante nuestra supremacía inequívoca, el poder y la gracia. Ghiggia fue el primero en recordarnos que no. Incluso antes de que supiésemos quiénes éramos.
Así que gracias, Ghiggia. El más grande del mundo se apaga el lunes con sus 200 mil silencios de otra época. Ese duelo se convierte en oración. Aquel Maracaná te espera, Alcides. La tumba heroica uruguaya guardará tu cuerpo físico. Pero el cuerpo etéreo, ése, lo guardaremos aquí, con nosotros, cobijado por las otras 21 sombras de aquel 16 de julio.
Ellos, Ghiggia, te esperaban, porque sólo faltabas tú. Gracias. Y bienvenido.
“Você mora no Maracaná maior agora”.
Agradecemos porque necesitamos el verdugo, nos recuerda, nos corrige, nos proporciona la dosis necesaria de humildad. Hubo un día en el que nos sentimos más grandes, mejores, soberanos en el mundo de las esferas. Estábamos seguros de que íbamos a ganarle a cualquier seleccionado de los seres vivos que practicaban fútbol. Así fuera la selección del mundo, de la Vía Láctea o Alpha Centauro, caerían ante nuestra supremacía inequívoca, el poder y la gracia. Ghiggia fue el primero en recordarnos que no. Incluso antes de que supiésemos quiénes éramos.
Así que gracias, Ghiggia. El más grande del mundo se apaga el lunes con sus 200 mil silencios de otra época. Ese duelo se convierte en oración. Aquel Maracaná te espera, Alcides. La tumba heroica uruguaya guardará tu cuerpo físico. Pero el cuerpo etéreo, ése, lo guardaremos aquí, con nosotros, cobijado por las otras 21 sombras de aquel 16 de julio.
Ellos, Ghiggia, te esperaban, porque sólo faltabas tú. Gracias. Y bienvenido.
“Você mora no Maracaná maior agora”.

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