“Si no se ha perdido todo NO SE HA PERDIDO NADA”
No sabemos quién dijo esto pero le calza justo a la situación de Uruguay en las Eliminatorias.
Pero seamos francos, todavía no da para reservar excursiones a Brasil.
No caigamos en el optimismo desubicado, como le pasó a mi coterráneo Heraclio Acosta. El hombre vivía en una modesta vivienda de la calle Herrero y Espinosa, a media cuadra de la Rambla de Mercedes. Una noche lo afectó una inundación traidora (porque llegó sin avisar). Casi se ahoga en su cama, tenía ya como metro y medio de agua cuando se despertó.
Logró sacar la cabeza y se salvó, aunque estaba con el líquido elemento al cuello (si a algún exquisito no le dan las cuentas por la altura del agua, les digo que el Hera era bien petiso, era).
Cuando supo que su esposa también sobrevivió le entró una euforia tan obvia como desmesurada.
Como habrá sido que, cuando braceaba hacia la puerta, le gritó a su mujer: “Tranquila vieja, vas a ver que mañana ya podré encerarte los pisos, como vos querías!!”

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